Preocupante saga de suicidios de policías en Salta

Comisario Picolo
El primero de los casos ocurrió en noviembre: el jefe de investigaciones, que estuvo a cargo del caso de las turistas francesas, se mató de un tiro en la cabeza. Luego, de la misma manera, se quitaron la vida una cabo y un agente. La reconstrucción de la muerte del jefe de investigaciones de la policía de Salta, Néstor Edgardo Píccolo, lo ubica en los minutos previos al disparo que le perforó la sien en su oficina, reunido con sus subalternos, sin el ánimo que lo delate.

Tampoco nadie presagió las intenciones de Laura Guarache, cabo de la comisaría de Guachipas o del agente de la División Drogas Peligrosas Carlos Francisco Caro, que le dieron, se presume, el mismo uso a sus armas reglamentarias. Tres suicidios ocurridos en los últimos cuatro meses que además de enlutar a la fuerza, la cubre de sospechas.

Todavía velaban a su padre a cajón cerrado en la sala B de la funeraria Caruso cuando Diego Piccolo, de 18 años, increpó al secretario de seguridad provincial Aldo Saravia.

“Sos un hijo de puta”, gritó el chico y el funcionario no pudo más que apurar el paso para ganar la calle cuanto antes. El joven había exteriorizado lo que el resto de la familia sentía en la intimidad: Piccolo había sufrido maltrato, falta de respeto, presiones y acoso laboral por parte del poder político y, lo que es peor aún, de la propia institución donde prestó servicio durante más de 20 años.

El escueto parte policial informó que Piccolo, que había ganado notoriedad nacional por estar al frente de la investigación por el doble crimen de las turistas francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni, salió cerca de las 13:45 del jueves 24 de noviembre de 2011 de las oficinas de la Brigada, cruzó la Avenida Chile en dirección a un predio ubicado detrás de la Iglesia Nuestra Señora de la Consolación, y en una calle de tierra se disparó en la cabeza sin más.

Las fuentes oficiales omitieron, sin embargo, que en los días previos, Piccolo comía salteado y dormía de a ratos. Tampoco contaron que pese a que en una ceremonia interna realizada en el patio de la Jefatura de Policía salteña fue distinguido, junto a otros 135 efectivos, por su labor en el esclarecimiento del crimen de las turistas, Piccolo había propuesto otra línea de investigación que involucraba a “los hijos del poder”.

“Todavía hoy sus compañeros siguen viniendo a mi casa para ver cómo estoy y me dicen que tienen que mantener la boca cerrada pero que algún día van a hablar y se va a saber la verdad”, confía Teresa Siglione, madre del ex jefe policial.

“Néstor soportó muchas presiones –continúa la mujer– y también sé que él quiso reabrir la investigación por la causa de las turistas, pero no lo dejaron. Además, había pedido vacaciones y también su retiro, pero no quisieron dárselo.”

Como si hiciese falta reforzar la hipótesis del suicidio, la policía filtró a los medios de Salta una supuesta carta de Piccolo donde relataba que una banda criminal había logrado involucrarlo en el robo a una joyería del centro. La deshonra, entonces, explicaría la drástica decisión. Pero la misiva no pudo ser más impersonal: se trata de un texto de Word “rescatado de su computadora de trabajo” sin firma, fecha o destinatario.

Silencio de radio

Apenas cinco días tuvieron que pasar para que la policía de Salta sufriera una nueva baja. Antes de que fuera encontrada tendida en el piso de la pieza que alquilaba en la casa 31, Manzana A, del Barrio Patricia Heitman, Laura Guarache era una cabo de 32 años y madre de un varón de tres. También era ex pareja de un compañero en la fuerza, el agente Joaquín Ernesto Pérez que, según la madre de Guarache, apuró el final.

“Después de separarse –cuenta Mirta Liendro- mi hija empezó a ser hostigada por la policía. El ex la había denunciado por una presunta infidelidad de ella y todos los días un agente diferente le entregaba una nueva citación para ir a declarar. Pero la ruptura no fue por eso: él le pegaba y ella nunca lo denunció para no perjudicarlo y que le nieguen el ascenso.
La autopsia concluyó que la mujer presentaba un orificio de entrada y otro de salida a la altura de la sien. Alrededor de ella se encontraron algunas fotos de su hijo y su arma reglamentaria. A la madre le prometieron que se investigaría hasta las últimas consecuencias.

Todavía nadie la llamó a declarar. Al ex marido tampoco.

Sólo después de la publicación en la sección obituarios del diario, el actual jefe de la Policía de Salta, Marcelo Lami, admitió públicamente el tercer caso de la extraña seguidilla de suicidios. Reveló que se trataba de un integrante de 28 años de la División Drogas Peligrosas y no mucho más. “Desde arriba nos impusieron un silencio de radio”, se excusó un compañero del muerto al ser interrogado sobre los detalles del caso pero, en cambio, pidió que se publique que se llamaba Carlos Francisco Caro, que era un buen marido y un mejor padre, y que no tenía ningún motivo para subir el volumen del equipo de música que había en su pieza y gatillarse en la cabeza.

El miedo de la viuda

Desde la muerte Néstor Edgardo Piccolo, la viuda Liliana Plaza y sus tres hijos se recluyeron en la casa y evitaron cualquier contacto con la prensa. En la única concesión que hizo la mujer, explicó a Tiempo Argentino que “en los últimos días tenía miedo de algo y cuidaba mucho a los chicos (además de Diego era padre de dos varones de 16 y 10 años) pero nunca nos contó nada para protegernos. Me gustaría que se investigue si fue un suicidio o un asesinato pero no puedo hacer, decir o preguntar nada porque me dijeron que me tengo que cuidar, aunque no sé de quién.”

FUENTE :Agencia de noticia D.D.N

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