Cine - TARTAGAL | “El etnógrafo”, un cruce entre la cultura occidental y la cosmovisión wichi

DATO EXTRA |Ulises Rosell es el autor de “El etnógrafo”, un estupendo documental que se estrena el jueves y donde sigue los pasos de un antropólogo inglés radicado en la localidad salteña de Tartagal.


John Palmer, atropólogo inglés, pasó gran parte de su vida estudiando la cultura de los indios Wichi y ahora los ayuda a enfrentar distintos problemas, como la ocupación ilegal de sus tierras ancestrales.

Su trabajo funciona de eje para la realizazión del documental de Ulises Rosell. Filme de gran contenido humano, cultural y hasta político, la nueva película del director de “Bonanza” y “Sofácama” se centra en las vivencias de John Palmer, un apasionado por la cultura wichi, que llegó muy joven a la provincia de Salta para estudiar esa comunidad indígena y terminó casándose y teniendo cuatro niños con una mujer del lugar.

 Pese a que advierte sobre el peligro que la cosmovisión indígena sufre frente al predominio de la cultura occidental, para Rosell uno de los aspectos importantes de la película es “el íntimo”, porque la historia de John y Tojweya (su esposa wichi) demuestra que “existe la posibilidad de que dos personas más allá de sus diferencias se enamoren y traten de buscar sus puntos de contacto en sus diferencias”.

 A través de la historia de este pequeño “héroe” cotidiano, el director logra sensibilizar sutilmente al espectador al poner en evidencia el continuo avasallamiento de los derechos humanos, políticos y culturales de estas comunidades, que lo único que buscan es conservar sus tierras, sus tradiciones y su identidad. “John está justo entre esos dos mundos y no como líder, sino como un intermediario entre las dos culturas.

 Pero además experimenta ese cruce de culturas en el ámbito privado, ya que tiene hijos wichi y eso es lo que le da más autoridad para hablar del tema”, afirmó a Télam el cineasta, que conoció a Palmer durante la filmación de una serie sobre pueblos originarios para el canal Encuentro. Y añadió: “No necesariamente el encuentro de culturas tiene un aspecto negativo.

 La película te instala en la posibilidad de que lo aprecies desde las emociones y la identificación. No muchas veces podés acceder a la intimidad de una cultura diferente y una cosmovisión de tiempo cíclico, que cree que la tierra no nos pertenece, porque nosotros pertenecemos a la tierra”.

 Más allá de ser alto, rubio y absolutamente diferente a los wichis, el protagonista vive y se siente como uno más entre todos ellos, con la salvedad de que él -por sus estudios y conocimientos- es el único capaz de enfrentase a los problemas que surgen debido a las profundas diferencias culturales con los criollos de la zona, sobre todo en su forma de entender la vida y su relación con la naturaleza.

 Son profundas las diferencias de cosmovisión entre una cultura que considera que una niña se transforma en mujer con su primera menstruación, y que por eso ya está en edad de casarse y convertirse en madre, y las leyes criollas, que castigan con pena de entre 8 y 20 años de cárcel a aquel que tenga relaciones sexuales con una menor de edad.

 Son profundas también las diferencias entre hombres que respetan el medio ambiente y todo lo que los rodea, porque saben que allí tienen todo lo que necesitan, y otros que no piensan en lo más mínimo en la naturaleza y llegan allí con la única intención de adueñarse de sus tierras, talar sus árboles y saquear su petróleo.

 “La presencia de los indios en las ciudades del norte es muy fuerte y ahí te das cuenta que pertenecen a un universo que nos es ajeno a quienes nos movemos en las pautas del mundo occidental”, dijo Rosell y explicó que los problemas entre ambas culturas “se dan en diferentes niveles, pero especialmente hay un conflicto de intereses económicos y no pareciera haber disposición a querer entender al otro”.

 Rosell dijo que la suya “es una película sobre conflictos interculturales, donde sobresale un aspecto social que es todo lo que surge por el problema de la tierra, la explotación petrolera y la deforestación.

Esas son formas de un mismo choque que tiene que ver con un proyecto de desarrollo económico que implica arrasar con culturas que no tienen posibilidad de defensa”, añadió. “La principal necesidad que tienen los wichis y otros pueblos originarios es el reconocimiento de la adjudicación de la tierra.

Lo difícil es entender que para ellos la tierra no tiene límites. Si bien cada comunidad tiene su territorio, se consideran a todos como un territorio común”, señaló el cineasta. “Para ellos el concepto de tierra es diferente. Una de las formas de reclamar lo suyo es Lakahonat, “nuestra tierra”, en el que diferentes etnias se unieron para reclamar un territorio común de 4 mil hectáreas. Hace 20 años que están haciendo este reclamo, pero aún no tienen respuesta”, dijo Rosell. Y advirtió: “La deforestación, el petróleo y el cultivo de la soja son los principales peligros que tienen.

Todo esto sucede actualmente todos los días y eso es lo interesante de la película, porque te permite no perder de vista que todas estas transformaciones que perjudican a los pueblos originarios están ocurriendo ahora”.


http://www.telam.com.ar/nota/37653/

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