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MISTERIOS - MIGUELITO, ESE FANTASMA JUGUETÓN

DATO EXTRA |Miguel Ángel Gaitán era bebé cuando murió de meningitis en 1967, en La Rioja. La historia de este pequeño dio la vuelta al mundo y continúa sorprendiendo. Su tumba, incluso, es muy visitada por turistas.



La historia de Miguelito le ha dado la vuelta al mundo y de igual manera ha despertado la curiosidad de miles de personas en todo el mundo, tanto que cada persona que lo visita lleva a su morada una ofrenda pidiendo deseos y todo tipo de peticiones para que el niño cumpla con ellas.

Miguel Ángel Gaitán era un pequeñito que había nacido como cualquier otro chico en la provincia de la Rioja. Con menos de un año de edad el chiquito sufrió una siempre compleja enfermedad como es la meningitis, un mal que ataca a muchos niños sin distinción de clase social, raza o credo, y que en la década de los años 60 aun era bastante compleja de tratar, dado que afecta a las meninges. Debido a esta complejha enfermedad, Miguelito falleció en 1967, por lo que luego de su funeral, su cadáver fue colocado en la bóveda de un cementerio. Hasta entonces parecía una historia normal, de la muerte prematura de una joven alma.

Comienza otra historia 
Luego de haberlo colocado en lo que era su morada final, el encargado del cementerio empezó a encontrar que la bóveda donde estaba enterrado siete años después, Corría 1973 y la tumba de Miguelito amanecía contínuamente destruida, con los ladrillos rotos y el ataúd abierto. La primera vez, aparentemente todo se debió a una enorme tormenta que se desató en la zona y habría sido la causa de la destrucción del sitio. Sin embargo el caso siguió repitiéndose hasta causar temor, ya no solamente en el cuidador del cementerio, sino que se fue expandiendo a toda la comunidad, que se había enterado de esa situación.

Toda una revelación 
Fue entonces que entonces notaron que la tapa del ataúd había sido removida a la noche. “Colocamos piedras y objetos pesados sobre la tapa, pero cada mañana la encontrábamos removida” cuenta la madre de Miguel Ángel. “Finalmente decidimos que Miguelito no quería ser cubierto, quería ser visto”, explicó. Así, primero estaba simplemente destapado, pero luego le arrancaron una falange que conservaba un pequeño anillo y además todo el mundo le tocaba la frente.

Ya por entonces estaba en una pequeña caja azul de madera, cerrada con un candado y con la tapa de vidrio. A través de ese “cofre” se vería su rostro reseco y marrón y por eso, su madre le cambiaba habitualmente de ropa.

Ya por entonces los creyentes -en la Rioja son muchos los devotos de diferentes vírgenes- colocaron la mano sobre el vidrio a la altura de la cabeza. Cuando este hecho se divulgó por toda la provincia, comenzaron a llegar personas de todas las ciudades vecinas para verlo. Primero lo hacían individualmente, luego en tours programados, no sólo desde la ciudad de La Rioja, sino también desde las ciudades de Salta, San Fernando del Valle de Catamarca, San Salvador de Jujuy y Córdoba, respectivamente señalaron varias fuentes periodísticas y de redes sociales, según destaca el sitio Asgard.com.ar.

¿Un fantasmita muy feliz? 
Ahora el pequeño Miguelito ha dejado de ser un simple muerto, para ser parte del mundo de los seres que, habiendo perdido la vida, y aún sin haber nada importante, igual se hacen notar rotundamente en el mundo de los vivos. Tanto que en su tumba las miles de personas que la visitan llevan juguetes y ofrendas que al día siguiente están desordenadas y esparcidas por todas partes, sin que se les encuentre demasiadas explicaciones al respecto. A menos que se entienda que, al parecer -y es vox populi entre los lugareños-, no sería otro que el mismísimo espíritu de Miguelito, que en las noches se levanta para jugar con ellos.

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